jueves, 30 de octubre de 2025

Conversaciones con el dolor


Hay días en los que siento que el dolor me conoce mejor que yo misma.

No me asusta como antes, 
pero sigue ahí, 
esperándome en cada silencio, 
en cada canción, 
en cada pensamiento que intento esquivar.

Aprendí que no se va. 
No del todo.
Simplemente se vuelve más callado. 
Más tuyo.
Como una sombra que camina contigo, 
incluso cuando el sol está alto.

A veces me pregunto si la vida se trata de aprender a convivir con las ausencias.

De aceptar que algunas personas se quedan para siempre, 
incluso cuando ya no están.
Ella está ahí, 
aunque haga años que nuestros caminos se separaron.

Y no sé si algún día dejaré de pensar en cómo habría sido todo si las cosas hubieran sido diferentes.

Pero ya no me culpo por sentirlo.

He dejado de intentar olvidarla.
No quiero borrar lo que me hizo sentir.

Ese amor, 
aunque me duela, 
me enseñó a mirar distinto.

A entender lo que significa querer a alguien más que a ti mismo… y aun así tener que dejarla ir.

Hay noches en que no puedo dormir.
El pecho se me cierra y la mente repite su voz, 
su risa, 
su nombre.
Y me dan ganas de escribirle, 
de decirle que todavía la pienso, 
que todavía me duele.
Pero no lo hago.

Porque ya aprendí que algunas cosas no se arreglan hablando, 
ni con el tiempo, 
ni con nada.

Simplemente se aceptan.

No siempre lo consigo. 
Hay días que no puedo fingir que estoy bien.
Días en que me hundo, y está bien.

Ya no quiero ser invencible. 

Quiero ser real.

Y la verdad es que a veces duele, a veces no sé cómo seguir.

Pero lo hago igual.
Camino con el dolor al lado, 
no detrás.
Lo miro, 
lo reconozco, 
y sigo adelante.

Porque seguir no significa que ya no duela.
Significa que, 
a pesar de todo, 
eliges vivir.

Aunque el corazón esté cansado, 
aunque la esperanza se apague por momentos.
Sigo. 
Porque no sé rendirme.
Porque incluso en medio del vacío, 
hay algo en mí que todavía quiere luz.

Y eso, creo, también es amor.

sábado, 4 de octubre de 2025

A veces el dolor no grita


A veces el dolor no grita. 
Se queda ahí, 
quieto, 
detrás del pecho, 
respirando conmigo.

No hay día que no lo sienta, 
pero he aprendido a no pelear tanto con él.

Al principio crees que el tiempo lo cura todo… 
pero no, no se cura, se acomoda.

Aprendes a vivir con el hueco, como si fuera parte de ti.

Hay mañanas en que me despierto y parece que todo pesa más.
No hay motivo, 
no hay aviso. 

Solo la tristeza que llega sin permiso.

Y está bien. 

Ya no me asusta sentirme mal.

Hay días en que no podré con todo, 
pero lo haré lo mejor que pueda.

Porque seguir adelante no significa que deje de doler.

Significa levantarte aun cuando el corazón se niegue.
Significa sonreír un poco, 
aunque por dentro todo tiemble.
Y eso, creo, también es una forma de amor.

Sigo.

Con heridas, 
con cansancio, 
con esperanza a medias.
Pero sigo. 
Porque no sé hacerlo de otra forma.
Porque incluso con el corazón lleno de grietas, todavía late.
Y eso, supongo, también es vivir.

martes, 30 de septiembre de 2025

Burning Wild


Te encuentro y el mundo se quiebra.
Tu piel me reclama como si nunca hubiera dejado de hacerlo,
y cada roce despierta todo el tiempo que estuvimos separadas.

No hay suavidad:
mis manos te atraviesan,
mi boca te devora,
mi deseo se clava en ti como cuchillo en carne viva.

Nuestros cuerpos gritan antes que nosotros.
Cada beso rompe silencios, cada roce trae recuerdos,
cada gemido es un pacto que no pudimos decir antes.

Te busco como se busca la vida
y te encuentro en cada escalofrío, en cada latido,
en cada grieta que el tiempo no pudo cerrar.

Amor y deseo se confunden hasta volverse uno:
nos arrasan, nos reconstruyen,
nos hacen sangrar y vivir al mismo tiempo.

Nada ha cambiado: todo estuvo aquí, esperando,
y ahora nos consume, nos quema, nos devora,
hasta que no queda miedo ni silencio,
solo este fuego salvaje que nos mantiene vivos,
que nos recuerda que te he echado de menos
como se extraña la sangre,
como se extraña la vida.

Y si el tiempo arranca todo lo demás,
si tu voz se disuelve en el aire
y tu rostro se vuelve un recuerdo borroso,
lo único que no sabrá desaparecer
es este amor implacable,
crudo, paciente, indestructible,
que no se transforma ni cede,
aunque yo misma me canse de sostenerlo.

lunes, 29 de septiembre de 2025

42°51′34″N 8°39′01″O

Quizás eso es amar:
quedarse aun sabiendo
que no habrá un final feliz,
pero que en ese instante suspendido
todavía hay algo que nos une,
algo que no muere. 

Puedo verte irte,
puedo sentirlo,
pero elijo quedarme
en este vacío,
como quien prefiere morir lento
antes que dejar de amar.

Nos perdimos hace mucho,
pero no importa lo que digan los relojes,
los destinos,
las mil veces que nos herimos.
Aquí estamos,
en el mismo punto,
en el mismo maldito lugar
que no sé si es azar
o si lo llaman destino,
pero quema igual.

No es que no pueda irme,
es que no sé si lo haría.
Sería como arrancarme la piel
y quedarme vacía.
Es doloroso, sí,
pero en este dolor
aún encuentro algo
que no quiero perder.
Este amor es una maldición,
pero al menos en él me encuentro,
aunque me mate.

Elijo esta tortura,
elijo quedarme,
aunque tú ya no estés,
aunque sigas aquí,
pero de otra forma.
Tal vez no haya otra opción
más que dejar que me consuma,
que me desgaje
y me deje en este sitio
donde te sigo queriendo
a pesar de que ya no eres mía.

Quizás eso es amar:
quedarse aun sabiendo
que este dolor será lo único que me quede.
El único que me duela,
y el único que aún me recuerde.

 

Hambre de ti



Te quiero como quien muerde para no perder,
como quien corre desnudo bajo la tormenta
sin pensar en refugios.

No hay lógica en lo que siento,
no hay calma, no hay cálculo.
Es puro instinto:
el cuerpo reconociendo al cuerpo,
la sangre buscándote
como si tu nombre estuviera escrito
en cada vena.

Es un amor que no pide permiso,
que arrasa, que se impone.
No se queda esperando,
no se conforma con migajas.
Te quiere entera,
con tus sombras, tus ruinas, tus silencios.
Te quiere como la tierra quiere al fuego:
aunque se queme, no puede soltarlo.

Yo no elegí este deseo.
Me eligió a mí,
me atravesó los huesos, la piel,
y me hizo pertenecer a ti
como si no existiera otra salida.

Y si algún día intentara arrancarlo,
no quedaría nada de mí.
Porque este amor no es palabra ni idea:
es instinto puro,
es hambre,
es la fuerza brutal
de reconocerte como destino.

viernes, 26 de septiembre de 2025

Heridas que aman, amores que matan


Han pasado 2.953 días
desde aquel julio que no termina.
Cada amanecer la encuentra
con el mismo recuerdo encendido.

Las palabras no la dejan.
Arden en la lengua,
y ningún silencio consigue apagarlas.
Necesitan salir,
aunque nadie sepa qué hacer con ellas.

Pensaba demasiado.
Era ingenuo creer
que en su vida
quedara un espacio
para lo que nunca supo dar.

Hubo errores.
Hubo torpeza.
Hubo la ceguera de quien ama
y, sin querer, destruye.

No faltó el afecto,
faltó saber recibirlo.
El miedo la asfixiaba.
Lo bueno parecía un engaño.
Nunca creyó que merecía amor,
y por eso lo verdadero
terminaba manchado de duda.

Hoy, frente al espejo,
intenta repetirse que vale más.
A veces lo cree,
otras se derrumba.
Su única batalla es con ella misma.

Y un día,
sin aviso,
la vida las cruzó otra vez.
No sabe si fue prueba,
castigo o final.
Solo que, al verla,
todo lo dormido volvió a encenderse.

La razón pedía distancia.
Quedaban cicatrices abiertas.
Pero la ausencia dolía más:
faltaba esa voz,
faltaba esa parte de sí
que solo existía con el recuerdo.

Quizás volvió para probar
que aún había vida.
Que no todo estaba muerto.
Que todavía quedaba en pie
la sombra de una historia no escrita,
de una vida que nunca llegó a ser.

Si el tiempo o el azar
las vuelven a encontrar,
quizás puedan mirarse sin miedo
y abrir lo que cerraron demasiado pronto.

Hasta entonces,
la despedida no es de la memoria,
sino de la esperanza.
Porque lo que se ama nunca muere:
cambia de forma,
se queda en la herida,
respira en silencio.

Y si existiera elección
entre olvidar o seguir sintiendo,
ella elegiría siempre
seguir ardiendo.

lunes, 15 de septiembre de 2025

The Loneliest


No sé si esto fue amor
o un castigo que elegimos con los ojos cerrados.

Te pienso con la boca aún llena de ti,
con las manos que no han dejado de temblar desde la última vez que nos tuvimos.
Te pienso con rabia.
Con deseo.
Con amor.
Con miedo.


Tú eras mi fuga.
Mi herida.
Mi oxígeno entre la asfixia de esta vida que no elegí del todo.
Y yo era tu secreto más sucio.
Ese que sabías que podía matarte…
y aún así, volvías.

Te desnudé como quien se despide del mundo.
Te desvestía como quien reza antes de morir.
Te besaba con rabia, con miedo,
como si supiera que era la última vez.
Y aún así, siempre había una última vez más.

Y cada vez que entrabas en mí,
algo dentro se rompía…
pero no podía soltarlo.
No todavía.

Amarte fue como vivir escondida en una casa en llamas.
Y aún así, me quedaba.
Por ti.
Por nosotros.
Por ese lugar imposible donde no existían los demás.
Donde no existía el juicio, ni el miedo,
ni el apellido de otra persona en tu boca.
Pero después venía la luz.
Y la culpa.
Y tu nombre junto al suyo.
Y el mío pronunciado en otra cama.


No…
no quiero seguir viéndote marcharte cada vez con la espalda tensa
y el corazón partido en dos.


No quiero seguir fingiendo que esto no nos está destruyendo.
Así que hoy, por fin, me voy.


Te dejo.


Antes de que me odies.
Antes de que me olvides en defensa propia.
Antes de que esta historia que nos quema se convierta en ruina.


Sigue tu vida.
Haz lo correcto.
Ama sin esconderte.
Deja que te toquen sin temor a que tiemble el mundo.
Y si alguna noche, cuando nadie te mire,
te encuentras llorando por algo que no puedes nombrar…


no me llames.


No rompas lo que aún se mantiene en pie.
No busques mis manos donde ya no estarán.


Porque ya no estoy.
Ya no puedo estar.

Solo soy el recuerdo del fuego que te quemó cuando más frío tenías.

Y si alguna parte de ti todavía me pertenece,
si alguna parte de ti aún tiembla al recordarme…
guárdalo para siempre.
y no lo digas nunca.


Fui el único lugar donde no tenías que mentir… y por eso mismo,
tuviste que dejarme.


viernes, 9 de diciembre de 2022

Animales nocturnos II.


   No se lo he dicho a nadie, pero en mi cabeza ya me has matado de todas las formas posibles. Tienes fuego en la mirada, y cada vez que me ves siento cómo lo dejas arder sobre mí. Quiero que me descubras, sin defensa, sin miedo. Pensé que mantener mi mente ocupada me salvaría de ti, pero no. El ruido persiste, más fuerte, más cruel, porque tú me pides guerra, y yo estoy dispuesta a luchar. Me declaro traidora ante mi propia conciencia. Estas ganas me vencen. De atarte, de no dejarte escapar de mí, ni de esta hambre que tengo por ti. Tengo un apetito salvaje, y aún no he probado ni la mitad de lo que deseo hacerte.


Por las noches, busco tu cara en la oscuridad, siento tu lengua en mi piel, y tus ganas de jugar. Sé que te gusta. Sé que te pierdes en los laberintos de mi cuerpo, y que quieres más que mi ropa: me quieres entera. Para llenarte. Para perderte. Para rendirte. Quisiera tenerte encima, sentir tu humedad entre mis dedos, probarla en mi boca, saborearte. Me excitas. Escucho mi nombre en tu voz, cómo lo gimes, cómo lo suplicas. Y entonces lo oigo, lo que más me enciende: que soy tuya. Que siempre lo he sido. Ojalá, algún día, la culpa me castigue por dentro, me consuma, me destruya, por todo lo que pienso. Por todo lo que deseo. Por todo lo que quiero hacerte cuando te follo en mi mente.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Hogar.


Me gusta que me provoques. Me gusta sentir tu saliva inundando mi boca, rendirme a tus pies y dejar que me hagas tuya. Descubrir que, incluso en silencio, somos fuego, y nos volvemos ceniza en los brazos de la otra. Tienes todo lo que nunca busqué y ahora no sé cómo vivir sin ello. Tus besos húmedos, que me sacan sonrisas tontas. Tu lengua, desafiándome a guerra. Tus manos, colándose bajo mi ropa. Tus piernas, enredadas en mi cintura como si no quisieras soltarme jamás. Y me pides otra vez, otro asalto, otra entrega. Gimes justo lo que me derrite, muerdes donde me vuelvo débil, y me arrastras directo a tus trampas. Eres mi reina mora, mi diosa del Olimpo. No puedo, ni quiero, resistirme a ti. No sé cómo frenar a este corazón salvaje, que late torpe cada vez que te siente cerca. En un mundo lleno de máscaras, quiero que seamos dos bichos raros a las que todos miran, pero a las que nadie realmente ve. Sé que eres hogar. Eres el lugar donde vuelvo a encontrarme y perderme, aunque mi naufragio no cese, aunque mi caos no tenga fin. “Como un vicio que me duele, quiero mirarte a los ojos y besarte hasta morir.”

Pequeño gigante de hierro.


Volver a mirar a tu enemigo,
volver a habitar la misma batalla diaria,
volver a respirar en la misma habitación
sin sentirte fuerte,
ni siquiera valiente.

A veces,
simplemente no hay elección.
No hay salida.
Solo queda sostenerte
como puedes.

Te obligan a “sobrevivir”,
como si fuera fácil,
como si bastara con repetirlo.
Ese es el grito que todos repiten,
pero nadie escucha.

Y así pasa otro día gris,
otro en el que finges una sonrisa,
en el que todo "va bien",
aunque ya no sepas mentir.
Empujas tu autoestima al abismo,
te arrastras por dentro,
porque nadie quiere ver
los escombros
que deja el egoísmo ajeno.

Mi grito no se oye.
Se asfixia.
Se retuerce.
Me ahoga.
Me arde.

Todos lo notan,
pero nadie se acerca
a sostenerlo.
Nadie lo abraza.

viernes, 19 de febrero de 2021

Begin again.



Siempre he sabido que,
sí de oveja negra se trata,
mi nombre aparece en el diccionario.
Aparece cargado de automatismos y expectativas
que estoy cansada de asumir día tras día.
 
Estoy agotada de no poder equivocarme,
de no gobernar mi vida por mis decisiones
y mis propios juicios morales
(porque siempre habrá alguien queriendo opinar),
de no poder llorar,
porque las preguntas no me dejan respirar.
Entre esto y otras cosas,
he decidido rendirme.
 
He decidido rendirme
porque no quiero envenenarme más.
Porque ahora lo único que necesito
es que alguien me pregunte cómo me siento,
si soy feliz,
y que me haga preguntas sinceras y relacionadas,
pero que hace mucho tiempo que nadie me hace.
 
Quiero poder mirar a mi pareja
y decirle que todo está bien,
que no siento esa presión en el pecho,
que sólo tengo ojos para este momento,
y no esas ganas de huir de algún lugar
porque no dejo de pensar
en todas las cosas que me pesan en la cabeza.
 
Quizás esto me lo escribo a mí misma,
porque hace tiempo que me abandoné,
que no me he dado el valor que merezco,
y porque olvidé querer a la persona más importante:
a mí.
 
A la que se mira al espejo
y se odia cada día
por haber fingido lo que no es,
 
lo que no quiere ser,
lo que no necesita ahora mismo.
Pero también me admiro,
porque soy tan fuerte que sigo adelante,
sin necesitar medicación
para soportar los golpes, día tras día,
y sin olvidar cómo sonreír.
 
Y entonces, un día,
empiezas a vivir de nuevo.
Te perdonas,
reinicias,
y encuentras paz 
en medio del ruido de la gente.


 

miércoles, 12 de agosto de 2020

Watermelon sugar 🍉


Y sin saber qué hacer conmigo, acabé encontrándote a ti. Encontré en ti esos pequeños momentos de felicidad que sigo coleccionando, como si fueran tesoros; encontré todas esas canciones que ahora nos acompañan, creando videoclips mentales que me hacen sonreír incluso en los días más grises. Al final, siempre consigues arrancarme una sonrisa, por mucho que te cueste. Y eso, precisamente eso, es lo que me tiene enamorada de ti: toda tú, con tu locura desbordada, con esa risa que contagia y ese caos tan parecido al mío. Podría acostumbrarme a ti las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año. Despertarme y ver tus ojos mirándome como si quisieras quedarte en mí para siempre. Soy tan tuya, tan de ti, que no quiero volver a cambiar de piel. Te digo en broma que a veces imagino un futuro incierto, y ahí estás tú, sonriendo. Será porque así quiero imaginarlo: contigo. Siendo feliz al escuchar tu nombre cada mañana, viéndote prepararme el café antes de salir corriendo al trabajo, sabiendo que después podré llamarte solo para escucharte reír. Me gusta mucho ese futuro en el que nuestra magia sigue intacta. Y es que el tiempo se ha pasado tan deprisa… tantos días, semanas, meses, y ya casi un año desde que te conozco, que no me he dado ni cuenta del paso del calendario. Pero aquí sigo, existo, y estoy para volver a elegirte cada 7 de diciembre. Y no se me olvida lo felices que nos hacemos, porque no hay mejor equipo de rescate que el nuestro. Me has querido tanto, que ni siquiera necesitaste un manual de instrucciones —ese que tanto buscabas sin encontrar—. Con tu intuición, con tu forma de mirar, con tus abrazos que parecen hechos a medida, fuiste encajando cada una de mis piezas. Y lo lograste: me reconstruiste. Resulta que tu sonrisa es el lugar donde todo empieza a sanar.


sábado, 18 de abril de 2020

A todos los amores que dejé atrás.


Gracias.

Porque después de todo el daño, 
la encontré a ella.

Y he empezado a vivir.

Preguntas.



¿Y si algún día dejas de quererme?
¿Y si decides irte de casa y no regresar?
¿Y si dejas de mirarme con esos ojos que atraviesan mis laberintos?
¿Y si te hago daño y no logro perdonarme?

¿Quieres quedarte?
¿Me quieres?
¿Me extrañas?
¿Has vuelto a leer mis mensajes?
¿Has olvidado la primera vez que te besé?
¿Recuerdas dónde fue?
¿Te gustó?
¿Te lastimé?
¿Lo olvidarás?
¿Me olvidarás?

¿Dejaré algún día de hacerme preguntas?
¿Dejaré de buscar respuestas en ti?
¿Dejaré de sentir este miedo intenso a perderte?

Ahora, ya no recuerdo qué quería decirte.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Salida nº 7




Toqué fondo y nadie vio que por dentro
yo no me encontraba.

A veces siento un vacío
que me llama a regresar,
pero no vuelvo por mí,
no escucho mi propia llamada,
ni las sirenas de alerta.

Me rompo,
me dejo caer,
esperando tocar aún más fondo.

Y en ese abismo que me consumía,
lleno de recuerdos,
golpes emocionales
y páginas arrancadas
de incendios descontrolados...
entonces,
un día que ni siquiera recuerdo,
apareciste tú,
bueno,
yo te vi.

Te vi hace mucho.

Y ahora no quiero dejar de verte,
ni de sentir estas ganas que me provocas
incluso sin tocarme,
porque tu risa
ya me mata,
ya me duele,
ya no controlo
lo que me haces,
mientras dejo
que vuelvas a coserme.


Helena de Troya.

Eres la contradicción hecha carne.
Llevas en la mirada una guerra
a la que me lanzas sin previo aviso,
y de la que intento huir
fingiendo no verte
entre tanta gente.

¿Cómo esperas que te entienda,
si lo único que trato de descifrar
es esa forma en la que me miras?
Esa forma en la que me buscas
aunque intentes alejarte,
y yo te vuelvo a encontrar
clavada en mis ojos,
esperando que los míos
te digan en silencio
que te dejes llevar.

Que te entregues
a estas manos
que arden como si el mismo diablo
me las hubiera dado.

Ahora todo tiene sentido.
Ahora comprendo
que Troya no ardió por una ciudad,
sino por una mujer
capaz de convertir cualquier campo de batalla
en cenizas con solo mirar.



Tengo una bala.



Adicta a las balas,
a las heridas que no cierran,
a los cristales rotos
y a incendios que nunca aprendí a apagar.

Esta jaula me queda chica
para tanto caos en la cabeza.

Y a veces me pregunto,
si algún día tendré el valor
de decirme toda la verdad
antes de que seas tú
quien termine por destruirme.

viernes, 13 de septiembre de 2019

El origen del hambre invisible.


Y cuando jugamos al escondite,
ese instante se vuelve mi refugio,
mi pausa tranquila
hasta que reapareces,
acusándome de no haberte buscado.

Pero eres tú quien siempre regresa,
trayendo en tus labios mis recuerdos,
mordiendo sin descanso,
susurrando que no me ponga celosa,
porque vuelves cargada de anestesia
y esa pornografía emocional
que tanto necesito para calmar
este hambre invisible,
vestida de deseo
que solo pronuncia tu nombre.

domingo, 11 de agosto de 2019

Pornografía emocional.

image

No he visto imagen más hermosa que
esa curva que dibujas en mis labios,
ni la de tu cadera
estrellándose contra la mía.

Desde que llegaste,
miles de preguntas me asaltan,
porque te colaste en ese hueco inútil
y frío que a veces se pierde de sitio,
cuando un poco de calor lo atraviesa;
y aún no encuentro respuesta a las dudas
que con cada gesto me lanzas,
porque has vuelto a apretar esos miedos
que me impiden abrir las puertas
que me llevan más adentro de mí.

Siento cómo desciendes por mi cuello,
tus manos firmes tras mi nuca,
tu lengua explorando sin descanso;
no te cansas de verme sufrir.

Te encanta ese poder que te entrego,
mantenerte viva un instante más,
proclamarte reina absoluta
de mis miedos y mis incendios
que llevan tu nombre marcado a fuego.

Y no sabes cuánto me excita darte todo.

Mi villana más temida,
mi heroína más valiente,
mi jodido cuadro de Rembrandt.

Hazte un poco más la dura,
déjame lamer tus sombras.

domingo, 12 de mayo de 2019

Habitación 302.



¿Está bien perder la cabeza
cuando aún me persiguen recuerdos?

Me quejo de mis monstruos,
pero acabo invocándolos por su nombre,
llamándolos a regresar,
a buscarme en ese rincón
donde guardo quien fui:
alguien sin corazón,

que no sentía,
que no ardía al tocar el fuego.

Esa parte enterrada
desde que la conocí a ella.

Me quedo mirándome, otra vez,
en tus ojos,
buscando los míos
sobre esta almohada
que sostiene un pulso tambaleante.

Sé que no debo,
pero caeré.

Me asusta que ella tenga razón,
me asusta no poder detenerme
en esa boca que aún no he besado lo suficiente,
de la que quiero más.

Escuchar tus gemidos más fuertes,
más "sí" en mi oído,
más "joder" sobre mi boca,
más "no sabes cuántas veces lo he imaginado",
y ocultar lo que me enciende,
más "me voy a correr",
y querer que no pares.

Hasta que me agotes.

Me consumes las pocas fuerzas que me quedan.
Pero me besas de nuevo
y recuerdo por qué estoy contigo,
por este instante incómodo entre risas,
porque te sobra ropa y te falta tiempo.

Demasiado ruido en un momento:
alarmas, llamadas, gemidos, jadeos, risas...
Parece que el universo
no quería vernos así.

Me abrazas, me tratas como un animal indefenso
al que deseas...
aunque no sé qué creer,
porque mis inseguridades
me devoran por dentro.

Preguntas que golpean mi cabeza
mientras susurras con esa voz
que tanto me pierde,
ese "¿tenemos que irnos?"
acompañado de tu lengua rozando mi oído.

No busques mi punto débil,
no abras mi caja de Pandora.

¿Habrá quejas
o más besos la próxima vez?

Empieza a quererme o
termina de odiarme cuando vuelvas a verme.

Pero hoy, no,
no me mires más con ese corazón hambriento.