No sé amar con el freno de mano puesto ni pedir permiso por ser un incendio. Mi única rebeldía es negarme a vivir anestesiada: en la vida voy sin filtro, en el sexo busco el impacto salvaje donde no caben las mentiras, y en el amor me tiro de cabeza al abismo sabiendo que puedo reventarme contra el suelo, porque prefiero mil veces el golpe y la piel en carne viva antes que la cobardía de haberme quedado en la orilla.
Arder es mi idioma
Aquí no se escribe bonito, se escribe real: con fuego, con rabia y ternura desde la herida abierta y el deseo vivo. Este es un refugio para palabras que arden, cicatrices que hablan y un alma que no calla. Escribir aquí es sobrevivir, sentir sin miedo, vivir sin filtros. Si ardes por dentro, aunque no se note, este es tu lugar. Porque arder es mi idioma, y escribirlo, mi forma más honesta de existir.
lunes, 5 de octubre de 2026
jueves, 30 de octubre de 2025
Conversaciones con el dolor
No me asusta como antes,
Aprendí que no se va.
Como una sombra que camina contigo,
De aceptar que algunas personas se quedan para siempre,
Ella está ahí,
Y no sé si algún día dejaré de pensar en cómo habría sido todo si las cosas hubieran sido diferentes.
Pero ya no me culpo por sentirlo.
Ese amor,
Y me dan ganas de escribirle,
Pero no lo hago.
Porque ya aprendí que algunas cosas no se arreglan hablando,
Días en que me hundo, y está bien.
Ya no quiero ser invencible.
Y la verdad es que a veces duele, a veces no sé cómo seguir.
Pero lo hago igual.
Lo miro,
Porque seguir no significa que ya no duela.
Significa que,
Aunque el corazón esté cansado,
Sigo.
Porque incluso en medio del vacío,
sábado, 4 de octubre de 2025
A veces el dolor no grita
Se queda ahí,
No hay día que no lo sienta,
Al principio crees que el tiempo lo cura todo…
Aprendes a vivir con el hueco, como si fuera parte de ti.
Hay mañanas en que me despierto y parece que todo pesa más.
No hay motivo,
Y está bien.
Hay días en que no podré con todo,
Significa sonreír un poco, aunque por dentro todo tiemble.
Sigo.
Con heridas,
martes, 30 de septiembre de 2025
Burning Wild
Te encuentro y el mundo se quiebra.
Tu piel me reclama como si nunca hubiera dejado de hacerlo,
y cada roce despierta todo el tiempo que estuvimos separadas.
No hay suavidad:
mis manos te atraviesan,
mi boca te devora,
mi deseo se clava en ti como cuchillo en carne viva.
Nuestros cuerpos gritan antes que nosotros.
Cada beso rompe silencios, cada roce trae recuerdos,
cada gemido es un pacto que no pudimos decir antes.
Te busco como se busca la vida
y te encuentro en cada escalofrío, en cada latido,
en cada grieta que el tiempo no pudo cerrar.
Amor y deseo se confunden hasta volverse uno:
nos arrasan, nos reconstruyen,
nos hacen sangrar y vivir al mismo tiempo.
Nada ha cambiado: todo estuvo aquí, esperando,
y ahora nos consume, nos quema, nos devora,
hasta que no queda miedo ni silencio,
solo este fuego salvaje que nos mantiene vivos,
que nos recuerda que te he echado de menos
como se extraña la sangre,
como se extraña la vida.
Y si el tiempo arranca todo lo demás,
si tu voz se disuelve en el aire
y tu rostro se vuelve un recuerdo borroso,
lo único que no sabrá desaparecer
es este amor implacable,
crudo, paciente, indestructible,
que no se transforma ni cede,
aunque yo misma me canse de sostenerlo.
lunes, 29 de septiembre de 2025
42°51′34″N 8°39′01″O
quedarse aun sabiendo
que no habrá un final feliz,
pero que en ese instante suspendido
todavía hay algo que nos une,
algo que no muere.
Puedo verte irte,
puedo sentirlo,
pero elijo quedarme
en este vacío,
como quien prefiere morir lento
antes que dejar de amar.
Nos perdimos hace mucho,
pero no importa lo que digan los relojes,
los destinos,
las mil veces que nos herimos.
Aquí estamos,
en el mismo punto,
en el mismo maldito lugar
que no sé si es azar
o si lo llaman destino,
pero quema igual.
No es que no pueda irme,
es que no sé si lo haría.
Sería como arrancarme la piel
y quedarme vacía.
Es doloroso, sí,
pero en este dolor
aún encuentro algo
que no quiero perder.
Este amor es una maldición,
pero al menos en él me encuentro,
aunque me mate.
Elijo esta tortura,
elijo quedarme,
aunque tú ya no estés,
aunque sigas aquí,
pero de otra forma.
Tal vez no haya otra opción
más que dejar que me consuma,
que me desgaje
y me deje en este sitio
donde te sigo queriendo
a pesar de que ya no eres mía.
Quizás eso es amar:
quedarse aun sabiendo
que este dolor será lo único que me quede.
El único que me duela,
y el único que aún me recuerde.
Hambre de ti
Te quiero como quien muerde para no perder,
como quien corre desnudo bajo la tormenta
sin pensar en refugios.
No hay lógica en lo que siento,
no hay calma, no hay cálculo.
Es puro instinto:
el cuerpo reconociendo al cuerpo,
la sangre buscándote
como si tu nombre estuviera escrito
en cada vena.
Es un amor que no pide permiso,
que arrasa, que se impone.
No se queda esperando,
no se conforma con migajas.
Te quiere entera,
con tus sombras, tus ruinas, tus silencios.
Te quiere como la tierra quiere al fuego:
aunque se queme, no puede soltarlo.
Yo no elegí este deseo.
Me eligió a mí,
me atravesó los huesos, la piel,
y me hizo pertenecer a ti
como si no existiera otra salida.
Y si algún día intentara arrancarlo,
no quedaría nada de mí.
Porque este amor no es palabra ni idea:
es instinto puro,
es hambre,
es la fuerza brutal
de reconocerte como destino.
viernes, 26 de septiembre de 2025
Heridas que aman, amores que matan
Han pasado 2.953 días
desde aquel julio que no termina.
Cada amanecer la encuentra
con el mismo recuerdo encendido.
Las palabras no la dejan.
Arden en la lengua,
y ningún silencio consigue apagarlas.
Necesitan salir,
aunque nadie sepa qué hacer con ellas.
Pensaba demasiado.
Era ingenuo creer
que en su vida
quedara un espacio
para lo que nunca supo dar.
Hubo errores.
Hubo torpeza.
Hubo la ceguera de quien ama
y, sin querer, destruye.
No faltó el afecto,
faltó saber recibirlo.
El miedo la asfixiaba.
Lo bueno parecía un engaño.
Nunca creyó que merecía amor,
y por eso lo verdadero
terminaba manchado de duda.
Hoy, frente al espejo,
intenta repetirse que vale más.
A veces lo cree,
otras se derrumba.
Su única batalla es con ella misma.
Y un día,
sin aviso,
la vida las cruzó otra vez.
No sabe si fue prueba,
castigo o final.
Solo que, al verla,
todo lo dormido volvió a encenderse.
La razón pedía distancia.
Quedaban cicatrices abiertas.
Pero la ausencia dolía más:
faltaba esa voz,
faltaba esa parte de sí
que solo existía con el recuerdo.
Quizás volvió para probar
que aún había vida.
Que no todo estaba muerto.
Que todavía quedaba en pie
la sombra de una historia no escrita,
de una vida que nunca llegó a ser.
Si el tiempo o el azar
las vuelven a encontrar,
quizás puedan mirarse sin miedo
y abrir lo que cerraron demasiado pronto.
Hasta entonces,
la despedida no es de la memoria,
sino de la esperanza.
Porque lo que se ama nunca muere:
cambia de forma,
se queda en la herida,
respira en silencio.
Y si existiera elección
entre olvidar o seguir sintiendo,
ella elegiría siempre
seguir ardiendo.



