No sé amar con el freno de mano puesto ni pedir permiso por ser un incendio. Mi única rebeldía es negarme a vivir anestesiada: en la vida voy sin filtro, en el sexo busco el impacto salvaje donde no caben las mentiras, y en el amor me tiro de cabeza al abismo sabiendo que puedo reventarme contra el suelo, porque prefiero mil veces el golpe y la piel en carne viva antes que la cobardía de haberme quedado en la orilla.
